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Durante el Foro Económico Mundial que se
llevó a cabo hace poco más de una semana en Davos, Suiza, llamó la atención que
México ya no apareciera en las conferencias sobre el futuro de la economía
mundial como uno de los países emergentes, cuando hace apenas diez años nuestro
país era una de las “estrellas de la fiesta”.
Habiendo terminado su participación en
dicho foro, el presidente Calderón voló a Japón, donde presentó a México como
el mejor lugar del mundo para invertir, sin embargo, el escenario se le vino
abajo casi durante su exposición, al saberse de las matanzas colectivas en
Ciudad Juárez y Torreón, ciudades del norte del país que otrora aprovecharon la
cercanía con Estados Unidos para generar miles de empleos al amparo del Tratado
de Libre Comercio.
La lectura que todo esto nos da es que
en México seguimos viviendo en buena medida del pasado, ya sea de las
instituciones que forjaron las generaciones que nos precedieron, o bien, de
algunos acuerdos e infraestructura que construyeron gobiernos anteriores y que
los líderes actuales, sean gobernantes, dirigentes de partidos políticos,
legisladores y demás funcionarios públicos, no han tenido la altura de miras y
la generosidad de anteponer el futuro de México sobre el bienestar de sus
propios bolsillos.
No hay reformas, no se supera la crisis
económica a la velocidad que lo hacen otros, no hay avances en materia de
seguridad, no hay un marco jurídico que garantice un Estado de Derecho que invite
a invertir a largo plazo, no hay voluntad política de superar las diferencias y
no hay una vida democrática limpia que permita fomentar un ambiente de libertad
y respeto entre los ciudadanos.
Ante todo esto, ¿cuál es el atractivo de
México más allá de su folclor y ese encomiable espíritu de la población de a
pesar de las circunstancias tan adversas, seguir siendo considerada por las
encuestas internacionales como una de las más felices del mundo?
La pregunta obligada es: ¿dónde
estaríamos si lográsemos superar nuestros rezagos? El no hacer algo por
lograrlo decididamente nos está pasando la factura, y el precio es alto.