Ejercitar la conciencia
Es bastante común que la gente quiera tener el cuerpo de Brad Pitt o de
Madonna sin tener que esforzarse. Hay cremas, dietas, aparatos,
cirugías que prometen milagros y muchos ejercitan en maquinas frente a
un televisor para distraerse, quizás a unos les funcionen
parcialmente pero en cuanto al desarrollo de un cuerpo en armonía lo
cierto es que no hay trabajo con atajo.
El cuerpo y la mente
son una unidad indivisible, lo sublime esta mezclado con el cuerpo
animal, es por eso que cuando a alguien se le muere el cuerpo no
volvemos a saber de él ni de su mente. El problema reside en que la
mayoría al pensar que el cuerpo y la mente son cosas separadas
fortalecen las brechas que dividen la conciencia de ser.
El
sistema nervioso está entrelazado con el sistema muscular; hay una
retroalimentación permanente que puede o no ser hecha a conciencia.
Ejemplo de esto es que de manera inconsciente cuando el estrés nervioso
llega a los aparejos no es raro enfermarse o que de manera inversa el
golpearse un dedo del pie altera los nervios y da coraje.
De
manera inconsciente también seguimos patrones, como cruzar la misma
pierna, sacarse los mocos, repetir los mismos errores con las parejas o
aferrarse a un solo punto de vista. Marcela Sanchez decía que estos
patrones recurrentes del sistema nervioso y muscular son como profundas
sajas que dirigen a los impulsos una y otra vez a lo mismo, siendo que
tenemos capacidades infinitas para desarrollar redes alternas de
conciencia y pensamiento. Para transformar los patrones inconscientes
hay que llevarlos a la conciencia y estar dispuesto a salir del área de
confort para recrearse a voluntad.
Marcela definió también a
la vejez como la falta de plasticidad neuronal para adaptarse al
cambio, de ahí que la juventud, entendida como flexibilidad física y
mental sea un asunto de conciencia del movimiento, conciencia flexible
de la interacción hacia el interior y el exterior.
Una
aplicación clínica de la perspectiva del movimiento a conciencia es el
tratamiento para las personas que han perdido capacidad de movimiento a
través de imaginar el movimiento, desarrollando así nuevas inervaciones
y posibilidades de coordinación. También se ha probado que realizar un
movimiento tiene el mismo efecto muscular que imaginarlo, de ahí que
Erick Franklin asevere que " la imagen del movimiento es aún más
importante que el movimiento mismo, debido a que sin el estímulo de
movimiento adecuado y la concentración en el músculo correcto, el
entrenamiento tiene un efecto aleatorio".
El movimiento es como
una catapulta, uno puede lanzarse a posibilidades infinitas, a dónde
aterrice uno depende de si dirigió o no la catapulta a conciencia.