Fumar ya no es sexy
El subconciente colectivo aún atesora la imágen de Marlene Dietrich
como una femme fatale envuelta por un halo místico de humo, sin embargo
el glamour que las grandes luminarias del cine imprimieron en los
cigarrillos lentamente se ha ido desvaneciendo al comprobar década tras
década que la gente se muere por fumar.
Hemos visto disfrutar
del cigarro a seres preternaturales como Clint Eastwood en "Dirty
Harry", a Marlon Brando en "A Streetcar Named Desire", a Sharon Stone
en "Basic Instincts", a Paul Newman en "The Sting", a Madonna en su
libro "Sex", a Kate Moss fotografiada por Patrick Demarchelier, a Brad
Pitt en "Fight Club", a S. J. P. en "Sex and the City" y al eterno
enfant terrible de Hollywood Mickey Rourke con su pitillo dentro y
fuera de la pantalla. Tanto María Félix sosteniendo una larga boquilla
con su pose más diva como Keith Richards con toda una vida de Rolling
Stone personifican su propia leyenda acompañados por el cigarro.
Además
del glamour, entre las maravillas de el cigarro se cuentan sus usos
rituales, efectos estimulantes y cualidades antidepresivas dicho
incluso ser más efectivo que el mismísimo Prozac; resulta agradable al
despertar, después de comer, al tomar café, al tomar alcohol, al
platicar, al esperar, al ver llover, al bailar, al estar triste, al
celebrar, al estar nervioso, al estar tranquilo, antes de dormir y para
algunos la compañía del cigarro está presente siempre.
Sin embargo, el otro lado del tabaco es más sombrío al considerar
que es tan adictivo como la heroína; que produce problemas
respiratorios y cardiacos crónicos, disminución de la respuesta inmune,
mal aliento, alopecia y canas prematuras, bolsas bajo los ojos,
cuperosis, dientes manchados y piel grisácea entre otras cosas. La
evidencia médica nos indica que fumar produce cáncer y en definitiva el
look de quimioterapia no es sexy cuanto menos el de cadáver.
La
atmósfera de prolongada agonía, el conflicto de querer fumar y no
querer fumar, la ansiedad y la sensación de autodestrucción que rodean
el proceso de fumar, resultan inevitablemente interesantes. Sin
conflicto no hay trama y en este caso la solución es dejar el cigarro
antes de que el cigarro lo deje a uno... muerto, sin embargo ambas
opciones resultan fatales, tanto para el que se muere como para el que
quince años después de abandonar el vicio se sabe adicto pasivo y fuma
en sus sueños.
Claro que hay personas afortunadas que pueden
disfrutar del fumar muy de vez en cuando sin así pagar las cancerígenas
consecuencias aunque la mayoría de los fumadores sigue más bien la
tendencia cíclica a encender un nuevo cigarro con el que se están
terminando.
Una respuesta al conflicto de las adicciones, la creciente
población humana y la destrucción ambiental la tiene Paracelso
(1493-1541) al decir que el veneno está en la dosis.
Referencias:
Vogue España, Mayo 2008
www.erowid.com