Tobillitos de cristal
Tobillitos de cristal
Los pies sostienen al cuerpo de la misma
manera que los cimientos a un edificio, la articulación del tobillo es
la única a 90° y distribuye el peso de cuerpo en
un tripié: el talón, la bola del dedo gordo y la del chico. Entre estos
puntos se forman tres arcos que amortiguan el impacto de cada paso, si
la base es inestable tarde que temprano se verá amenazada la integridad
de la estructura corporal.
A partir de los desbalances en el tobillo y pie es posible ver que
partes se verán afectadas. Imaginemos al cuerpo como un sistema de
cuerdas de energía entrelazadas en el centro, si una cuerda se jala,
jalara a las demás. Por ejemplo, unos tobillos que se ruedan hacia
adentro probablemente juntaran las rodillas y aumentaran hacia el
frente la curva de la cintura y del cuello propiciando el desarrollo de
hernias discales.
Como en todos los sistemas, el funcionamiento adecuado del cuerpo
depende de la estabilidad de todos sus componentes, en este caso lo más
común es que los músculos internos que soportan los arcos de la planta
del pie estén debilitados y los músculos que vienen desde la
pantorrilla hasta el pie tengan que compensar formando patrones de
tensión nociva. En gran medida estos desbalances se deben: 1) al uso de
zapatos claustrofóbicos que limitan la movilidad de los pies y evitan
el masaje reflexológico en las plantas de los pies con las texturas del
suelo, 2) caminar en superficies planas, recordemos que durante la
mayor parte de nuestra evolución en el planeta hemos sido nómadas todo
terreno, y 3) la falta de ejercicio por pasar la mayor parte de nuestra
vida sentados o acostados.
Nuestros cuerpos son vehículos de sensaciones y conciencia,
tristemente pocas personas desarrollan las capacidades corporales y
mentales con las que han nacido, los problemas de postura son problemas
de inconciencia corporal, de mala interpretación de las sensaciones que
les comunica el cuerpo, de creer que está bien lo que está mal.
Foto: Svetlana Zakharova