Monos vestidos de seda flotando en el cosmos
Somos humanos y con esta aseveración algunos se consideran distintos a los animales, pero sin agraviar a los presentes lo cierto es que somos primates parlanchines.
Es posible que el creernos erróneamente especiales y diferentes por nuestras cualidades comunicativas sea un factor clave para justificar la dominación, manipulación y abuso que nuestra especie ha perpetrado en los habitantes vivientes del planeta.
El si tenemos imágen y semejanza a Dios no se puede probar mediante argumentos lógicos; lo que si está comprobado es que somos 99% genéticamente iguales a los chimpancés y 90% a las ratas, de ahí que sean los modelos por excelencia para la investigación en la medicina humana.
Más allá de lo romántico que parezca, los antiguos hablaban de serpientes emplumadas, del canto del zenzontle, sembraban con la luna e interpretaban sus ritmos como parte inseparable de la vida. Ahora casi nadie mira la iridescencia de los momentos crepusculares ni el suave movimiento espiral de las enredaderas.
La conciencia de ser y la comunicación son cualidades de la vida, desde la mas pequeña bacteria con magnetosomas que decide si va al sur o al norte hasta el pretencioso empresario vestido de seda que se pregunta lo mismo. Somos tan especiales como todo lo demás que vive aquí en esta gran esfera que flota en el cosmos.